Las mujeres chilenas tienen asegurada la venta de la píldora del día después porque ayer el Tribunal Constitucional de su país ordenó a las farmacias que reanuden su venta. Diversas farmacias de Chile habían suspendido la venta a causa de una controversia entre la iglesia católica y los hospitales públicos.
Desde hace tres años, por ley nacional, la píldora del día siguiente se entrega en forma gratuita a las adolescentes de más de 14 años, aunque no tengan la autorización de los padres, pero que presenten una receta médica.
La iglesia católica dice que el medicamento es abortivo, pero desde hace años que la Organización Mundial de la Salud ha dicho que no es un abortivo ni afecta un embrazo iniciado. Lo que la píldora hace es impedir la liberación del óvulo y trastornar la movilización de los espermatozoides.
Aparentemente la jerarquía católica desea que la superpoblación continúe. Pero mientras El Vaticano no posea grandes recursos alimenticios para distribuir entre los pobres de este mundo, o no otorgue pensiones a las madres solteras, las mujeres tenemos la obligación de no comprometer nuestro futuro.
Guatemala no está en la lista de los países donde la píldora se vende libremente. Aclárenos alguien por qué.
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martes, noviembre 06, 2007
El secreto mejor guardado
Una valiente médica norteamericana, la doctora Susan Wicklund, publicará en estos días un libro sobre el aborto en EEUU. La autora afirma que al menos el 40% de las mujeres de su país ha sufrido un aborto durante sus años fértiles, y habla de su propia vivencia cuando, en la adolescencia, se sometió a un aborto y comprendió a partir de su experiencia que era necesario mejorar las condiciones de los cuidados reproductivos.
En el libro, la doctora Wicklund cuenta las historias de muchas mujeres que han optado por el aborto y las barreras que encuentran para poner en práctica su decisión: falta de dinero, falta de apoyo del padre, violencia doméstica, intromisión de seres ajenos a la familia, etcétera.
Wicklund desea que el libro sirva para promover una discusión serena y abierta sobre el tema del aborto, omnipresente, que diversas instituciones tratan de mantener en secreto.
En el libro, la doctora Wicklund cuenta las historias de muchas mujeres que han optado por el aborto y las barreras que encuentran para poner en práctica su decisión: falta de dinero, falta de apoyo del padre, violencia doméstica, intromisión de seres ajenos a la familia, etcétera.
Wicklund desea que el libro sirva para promover una discusión serena y abierta sobre el tema del aborto, omnipresente, que diversas instituciones tratan de mantener en secreto.
jueves, octubre 11, 2007
lunes, septiembre 24, 2007
Amazonas
No quiero decir que no hay columnistas, varones, que no sean buenos. Ahí están Berganza, Font, Shetemul, Aceituno, Albizúrez --a manera de ejemplo porque hay unos cuantos más-- con quienes es posible que en ocasiones no esté de acuerdo pero que muestran las cualidades del oficio: pensamiento coherente, capacidad de análisis, lenguaje depurado. Inteligencia.
Pero en general los columnistas varones, en el mejor de los casos, me aburren. En cambio, las mujeres estimulan mi mente. Esta mañana, aunque sea de lunes, leo a Marcela Gereda y a Dinita Fernández y comienzo bien el día. A la izquierda una, a la derecha la otra; llenas de vida y sin pelos en la lengua.
Este es un fenómeno que vengo observando desde hace varios años. El brillo de las mujeres que escriben frente a la opacidad de sus colegas varones. En Prensa Libre Carolina Vásquez Araya continúa una labor mesurada pero no por ello menos valiosa. Carolina Escobar Sarti, Magaly Rey Rosa, en un medio que se significa por su conservadurismo, no cesan en su labor de defender y atacar según se presente la ocasión.
La mayoría de los columnistas --y eso que casi nunca leo a los de Siglo XXI-- se significan por soporíferos, tediosos y monótonos. Aun aquellos situados en una posición diametralmente opuesta a mi forma de ver el mundo --que deberían darme urticaria al menos-- me hacen bostezar.
Junto a los mencionados, los que escriben en la penúltima del Periódico me hacer creer que aún estamos vivos. Echo de menos a Miguel Ángel Sandoval, quien ahora podría regresar a escribir sus esclarecedores artículos, esos que suelen provocarle carreritas al baño a los dueños de la finca.
Sin embargo, hago las cuentas cada semana: quiénes me levantan el ánimo, quiénes me dan sueño; y las cifras siempre le dan el triunfo a las mujeres.
Pero en general los columnistas varones, en el mejor de los casos, me aburren. En cambio, las mujeres estimulan mi mente. Esta mañana, aunque sea de lunes, leo a Marcela Gereda y a Dinita Fernández y comienzo bien el día. A la izquierda una, a la derecha la otra; llenas de vida y sin pelos en la lengua.
Este es un fenómeno que vengo observando desde hace varios años. El brillo de las mujeres que escriben frente a la opacidad de sus colegas varones. En Prensa Libre Carolina Vásquez Araya continúa una labor mesurada pero no por ello menos valiosa. Carolina Escobar Sarti, Magaly Rey Rosa, en un medio que se significa por su conservadurismo, no cesan en su labor de defender y atacar según se presente la ocasión.
La mayoría de los columnistas --y eso que casi nunca leo a los de Siglo XXI-- se significan por soporíferos, tediosos y monótonos. Aun aquellos situados en una posición diametralmente opuesta a mi forma de ver el mundo --que deberían darme urticaria al menos-- me hacen bostezar.
Junto a los mencionados, los que escriben en la penúltima del Periódico me hacer creer que aún estamos vivos. Echo de menos a Miguel Ángel Sandoval, quien ahora podría regresar a escribir sus esclarecedores artículos, esos que suelen provocarle carreritas al baño a los dueños de la finca.
Sin embargo, hago las cuentas cada semana: quiénes me levantan el ánimo, quiénes me dan sueño; y las cifras siempre le dan el triunfo a las mujeres.
miércoles, septiembre 05, 2007
¿Una incubadora?
Una jueza argentina que debe tener el cerebro en salva sea la parte ha decretado que una joven discapacitada de 19 años, con la mentalidad de una niña de 5, con dificultades para controlar los esfínteres, que apenas balbucea para comunicarse, y que fue violada y preñada, debe seguir adelante con el embarazo.
La madre de la joven violada solicitó que se interrumpiera el embarazo, cuestión prevista en las leyes argentinas para casos como el de la adolescente. El despropósito legal ha puesto en acción a diversas organizaciones de derechos humanos para impedir que la joven sea tomada como un receptáculo cualquiera.
La jueza ha designado a una institución como garante de que el embarazo se llevará a término, nombrándola 'tutora' del feto.
La madre de la joven violada solicitó que se interrumpiera el embarazo, cuestión prevista en las leyes argentinas para casos como el de la adolescente. El despropósito legal ha puesto en acción a diversas organizaciones de derechos humanos para impedir que la joven sea tomada como un receptáculo cualquiera.
La jueza ha designado a una institución como garante de que el embarazo se llevará a término, nombrándola 'tutora' del feto.
sábado, agosto 04, 2007
Mujeres, el nuevo proletariado
La vicepresidenta española María Teresa Fernández de la Vega, dijo ayer en Chile, --y luego de haber comprobado personalmente durante su viaje por América Central lo que afirmaba- alertó sobre el peligro de un nuevo proletariado que crece en las democracias formales de los países pobres y que se relaciona con las desigualdades existentes en ellos.
Afirmó que a los problemas étnicos y culturales se suma el aparecimiento de un nuevo proletariado y advirtió sobre ‘el surgimiento de un nuevo proletariado, vinculado a trabajos que parecen destinados a ser solo para mujeres’.
Fernández de la Vega propone que pensemos detenidamente en la razón por la que empleos tales como los de operadora de teléfonos o cajera de supermercados, parecen estar ocupados exclusivamente por mujeres.
Afirmó que a los problemas étnicos y culturales se suma el aparecimiento de un nuevo proletariado y advirtió sobre ‘el surgimiento de un nuevo proletariado, vinculado a trabajos que parecen destinados a ser solo para mujeres’.
Fernández de la Vega propone que pensemos detenidamente en la razón por la que empleos tales como los de operadora de teléfonos o cajera de supermercados, parecen estar ocupados exclusivamente por mujeres.
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