'El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica'.
Galeano dixit.
Mostrando las entradas con la etiqueta Vasallaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Vasallaje. Mostrar todas las entradas
miércoles, abril 09, 2008
miércoles, noviembre 14, 2007
Pasear por La Reforma
Tengo varios años de sostener largos soliloquios internos sobre la political correctness y cómo esa burrada ha logrado: 1) dar la impresión de que quien habla es mesurado y correcto y, al mismo tiempo, ofrecer la certeza de quien habla es un hipócrita de siete suelas: decir compañeros y compañeras es estar consciente de las disparidades, no implica necesariamente franquearlas; 2) permear de burradas lo que se dice y lo que se escribe y dejar ver que hay una intención política --correcta o no pero muy política-- en lo que se está expresando; 3) bajarle el volumen a lo que se está contando.
Sobre el tercer punto jamás podré dejar de hablar de los daños colaterales, mañoso término que significa civiles inocentes inmolados en la guerra.
En estos días se me atraganta esa babosada de sustituir la palabra problemas por su traducción anglosajona desafíos.
El inefable señor Colom, que no perdió su tiempo en ir al besamanos con el embajador gringo tiene frente a sí, no importa cuántos aparatos de guerra y otros juguetitos le ofrezcan en la avenida La Reforma, una cantidad de problemas que no van a prescribir solo porque los llamen desafíos.
Tengo entendido que un presidente electo vale, en cuestiones de protocolo, más que un embajador con todas sus credenciales en orden, pero allá él.
Sobre el tercer punto jamás podré dejar de hablar de los daños colaterales, mañoso término que significa civiles inocentes inmolados en la guerra.
En estos días se me atraganta esa babosada de sustituir la palabra problemas por su traducción anglosajona desafíos.
El inefable señor Colom, que no perdió su tiempo en ir al besamanos con el embajador gringo tiene frente a sí, no importa cuántos aparatos de guerra y otros juguetitos le ofrezcan en la avenida La Reforma, una cantidad de problemas que no van a prescribir solo porque los llamen desafíos.
Tengo entendido que un presidente electo vale, en cuestiones de protocolo, más que un embajador con todas sus credenciales en orden, pero allá él.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
