Mostrando las entradas con la etiqueta Oligarquía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Oligarquía. Mostrar todas las entradas

miércoles, noviembre 12, 2008

El New Deal de los empresarios

Los empresarios, la oligarquía guatemalteca, tienen dos juegos de ojos para ver el mundo: el de ellos, en el que no caben todos los guatemaltecos -–porque si cupieran no habría más del 50% de la población por debajo de la línea de la pobreza-- y del cual se sirven para obtener buenas ganancias para sus empresas, y otro para ver, de manera muy deficiente, sus responsabilidades y el papel que le toca desempeñar a un gobierno.

Ambos pares de ojos lloran a mares cuando se trata de hablar de impuestos, y eso es lo que sucede en estos días, cuando una inmensa mayoría de miembros del Cacif se opone violentamente a un remedo de acuerdo fiscal al que habían llegado con el señor Colom y con el ministro Fuentes Knight.

Sucede que, enfrentados como estamos a un crash económico similar al del año 29, solo que de proporciones muchísimo mayores, lo único que pueden ofrecer, para enfrentar la crisis en este país de pobres son medidas similares a las que tomó el dictador Ubico, opuestas diametralmente a las que tomó el presidente estadounidense Roosevelt, quien con su New Deal sacó a EEUU del hoyo en el que se encontraba.

Por lo anterior, EEUU se convirtió en un país pujante, con gobiernos y leyes socialmente responsables; no fue sino hasta en la década de los 70 que el neoliberalismo logró cambiar el rumbo de aquel país hasta depositarlo en la sima económica en que se halla y a la cual ha arrastrado a casi todo el planeta.

Sobre el país de Ubico ni siquiera tengo que dar detalles. Pero eso es lo que receta la cúpula económica guatemalteca antes que pagar los impuestos que le corresponden.

miércoles, octubre 24, 2007

Para cuidar la finca

Me decía anoche un amigo que la simbiosis entre Mano Dura y la oligarquía nacional se basa, sobre todo, en el acuerdo para que las elites económicas se repartan, como es su costumbre, los puestos de poder y Otto Pérez Molina adquiera el papel de superministro de gobernación y se encargue de las limpiezas necesarias para asegurar el funcionamiento del status quo. Y tiene toda la razón. Tras ese pacto fluyeron el dinero y la asesoría publicitaria para los comerciales que han colocado a Pérez Molina donde está.

Es útil recordar que Pérez Molina fue comisionado de seguridad del señor Berger, pero renunció prontamente del puesto, evidentemente ornamental, cuando la oligarquía destinó al señor Vielmann y al asesor venezolano Rivera para arreglarles la situación. Como en efecto lo hicieron: adiós secuestros de altos vuelos, adiós asaltos a los bancos, etcétera. La seguridad de los de a pie, por supuesto no importaba, ni importa, ni importará.

Y Pérez Molina podrá no tener cuadros para gobernar, pero del despecho por el puesto de soldadito de plomo que le asignó Berger levantó hábilmente un partido político que ha subido como la espuma, aprovechando con diligencia la brecha --la violencia que sufre la mayoría-- que dejó abierta el actual gobierno, ocupado únicamente de sus propios intereses.

Claro que el señor Colom tampoco se ha podido distanciar de las elites, que tras haber pactado con él --antes de que se hubieran percatado de las tradicionales ventajas de tener un militar como guardián de la finca-- le colocaron como vicepresidente al doctor Espada, hermano del señor Vielmann, el ex ministro.

Ambos han dicho ya repetidas veces, para tranquilidad de sus patrocinadores, que no van a crear nuevos impuestos. Impuestos es la peor palabra que puede mencionárseles a los criollos de la patria.