Para ilustrar un poco a los escasos de cerebro que dicen que ‘es mejor dejar las cosas como están’ cuando hablan de su obsesión por no seguir buscando desaparecidos ni razones para señalar a los culpables de nuestras 200,000 víctimas, voy a referirme al caso de García Lorca.
Si bien es cierto que la familia del poeta -–por razones que ignoro-- preferiría que sus restos permanecieran en la fosa común en la que fue enterrado, los descendientes de dos de los asesinados con Lorca --el maestro republicano Dióscoro Galindo González y el torero Francisco Galadí Melgar-- sí quieren exhumar a sus sacrificados.
Si la democracia vale, dentro de poco tiempo veremos consternados, aparecer los restos mortales del gran escritor. Con la misma pena con la que vemos aparecer en estas tierras los huesos, las ropas e incluso los adornos de nuestros muertos. Nuestros muertos, porque esos sí que nos pertenecen a todos.
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jueves, septiembre 25, 2008
miércoles, octubre 10, 2007
La justicia en otros lados
Christian von Wernich, ex capellán de la policía de Buenos Aires, que solía decirles a los presos que estaban ‘en las manos de Dios’ lo que era una forma de anunciarles su ejecución, fue condenado a cadena perpetua por 7 asesinatos, 32 casos de tortura y 42 secuestros. En la sentencia del cura se dice que todos esos delitos son ‘de lesa humanidad en el marco de un genocidio que tuvo lugar en Argentina entre los años 1976 y 1983’.
El fiscal del caso probó totalmente que el cura no actuaba como capellán, sino que era interrogador habitual en los centros clandestinos de detención.,
Von Wernich mantuvo un rostro impasible durante todo el juicio. Los relatos de los tormentos más despiadados, el cinismo y la brutalidad de los verdugos, la desesperación de los familiares y los que conocieron el infierno no cambiaron en ningún momento su respiración ni su indiferencia, dice la prensa.
Esta es la primera vez que en América Latina se condena a un integrante de la iglesia católica. En Guatemala, sin llegar a ser curas, los genocidas se creen enviados de la divinidad y los votantes --imbecilidad crónica por desnutrición-- les otorgan cargos de diputados.
El fiscal del caso probó totalmente que el cura no actuaba como capellán, sino que era interrogador habitual en los centros clandestinos de detención.,
Von Wernich mantuvo un rostro impasible durante todo el juicio. Los relatos de los tormentos más despiadados, el cinismo y la brutalidad de los verdugos, la desesperación de los familiares y los que conocieron el infierno no cambiaron en ningún momento su respiración ni su indiferencia, dice la prensa.
Esta es la primera vez que en América Latina se condena a un integrante de la iglesia católica. En Guatemala, sin llegar a ser curas, los genocidas se creen enviados de la divinidad y los votantes --imbecilidad crónica por desnutrición-- les otorgan cargos de diputados.
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