Lo ha afirmado ayer con toda seriedad el Papa: los únicos cristianos verdaderos, los únicos que lograrán la salvación, son los católicos. Los Otros, es decir los luteranos, los episcopales, los protestantes a secas, no. Se han ido al mismo saco del resto de infieles --judíos, islámicos, agnósticos, panteístas entre otros-- porque sus iglesias no han sido representadas, a lo largo de dos mil años, por apóstoles de Jesús y sus descendientes directos, los papas. Los ortodoxos, como no reconocen la autoridad papal, son defectuosos y quedan afuera.
El Santo Padre, a quienes algunos irreverentes le llaman el Rottweiler de Dios, ha mostrado gran actividad durante la última semana: en primer lugar, el regreso al latín en la misa. No obligatorio, porque lo dejó
motu proprio, pero deseable. Y ahora, este
anuncio de cómo han sido barridos del cielo tantos millones de personas que creían estar en él (los difuntos) y los
wannabe de esas otras iglesias convertidas ahora en sectas.
El Papa se ha significado por interesarse en varios asuntos importantes: la anticoncepción, el aborto, la eutanasia, la homosexualidad, el papel de las mujeres en la iglesia católica, la teología de la liberación y la doctrina de la iglesia católica. Lástima que no lo haya hecho con una visión progre, sino con el ánimo más retrógrado del mundo. Este
enlace conduce a una página de la BBC donde se recuerda su postura en estos temas.
El Papa, bien visto, tendría mucho éxito en Guatemala, donde sus próceres también desean seguir viviendo como en el siglo XIII. A mí me quemarían en el parque central, pero todo sea por la fe.