lunes, julio 09, 2007

Cómo ahorcar a los medios

En las pasadas semanas elPeriódico publicó entre las cartas de los lectores la de una mujer que se quejaba, y con razón, por la forma en que había sido maltratada en los talleres mecánicos de la agencia que le vendió su carro. No recuerdo ahora la marca del carro. ¿Un Peugeot? La experiencia me dice que los guatemaltecos lo aguantamos todo con la cabeza gacha. Para que nos quejemos, la cosa tiene que ser peluda.

Inmediatamente los dueños de la agencia de carros y de otras cosas le retiró la pauta publicitaria al diario. De golpe y porrazo dejaron a elPeriódico sin los 1.2 millones de quetzales que la compañía invertía en anunciar carros, motos, accesorios para computadoras, etcétera. Porque sí recuerdo el nombre de la compañía: Canalla, quiero decir, Canella.

Hace 20 años surgió en este país una revista señera: Crónica. No era lo que se dice un medio de izquierdas, pero fue el primero que rompió el silencio que atenazó a periódicos, revistas, etc., desde 1954. La entrevista que le hice a Nineth Montenegro --que ya la ven, muy morigerada en la actualidad-- fue un parteaguas en el periodismo porque había sido satanizada por aquellos que desfilaron el 30 de junio y sus adláteres o dueños.

También en Crónica se le dio cabida a Rigoberta Menchú, otra inmencionable en ese tiempo. En realidad, casi todo era inmencionable. Prensa Libre perduró a pesar de la violencia porque sus dueños prohibieron --por ejemplo-- la publicación de palabras tales como guerrilleros y usaron el término 'delicuentes subversivos' que acuñaron los milicos.

Crónica, que llegó a ser una de las revistas noticiosas más importantes de América Latina, se fue al diablo cuando, el señor presidente Arzú se sintió criticado por la revista y mandó una circular a sus amigos pidiéndoles --casi ordenándoles-- que dejaran de anunciarse en Crónica.

Así lo hicieron y esa es la causa de la muerte de Crónica.

Me parece extraño estar en 2007 y darme cuenta de que los anunciantes, y no los ciudadanos son los que marcan las pautas (la de publicidad sobre todo, con la que estiran y encogen la pita) de los medios en Guatemala.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ah mi querida Ana María. Las cosas solo han cambiado de nombre, pero los fantasmas son los mismos. Lo primero que hay que recordar es que los medios son empresas de inversión. Los anunciantes los mantienen pero en cuanto se ven atacados, devuelven sus temores arrebatándo lo que sostiene la libre expresión. Eso es así a cualquier nivel y en cualquier país del mundo. La diferencia es que en Guatemala estamos sitiados y nos da miedo hablar incluso en nuestros propios vecindarios, pues pareciera que aún existen esas orejas que, ahora con autorización, escuchan nuestras conversaciones y desencantos. No he perdido la esperanza de que Guatemala sea liberada algún día, pero para eso necesitamos valentía. Valor para hablar, para denunciar, para aceptar los errores. !Algún día!

Ana dijo...

De acuerdo, son empresas, pero cuando alguien ha vivido la censura y la autocensura desde 1954, espera (y desea, sobre todo) que haya algunos cambios en los medios del país.

Hasta ahora no he visto que una crítica en El País, o en Le Monde, o en el New York Times haga volar a un anunciante.

Lo querramos o no, en España, en Francia -lagarto, lagarto Sarkozy- y en Estados Unidos hay una separaciòn bien marcada entre la línea editorial y loa departamentos de ventas de los diarios mencionados. Los envidio.

Mientras tanto, seguimos siendo finca y los de siempre siguen sacando el machete para amedrentarnos.

Esa es la realidad. Pero pobre aquel que se sienta a aceptar con la cabeza gacha sus desgracias. Y eso es lo que hace una inmensa mayoría de chapines.

Nuestros queridos dueños del país no serían tan dueños si hubiera más gente como yo, perdone la inmodestia.

J@C dijo...

Nada de inmodestia... tiene toda la razón...

Juan dijo...

Excelente el Juego semantico entre CANELLA Y CANALLA.